Y pensar, inútilmente,
que con un poema
puedo construir tu presencia.
En cada letra, en cada palabra,
cada significado -puro o no-,
creer que puedo armar tu cuerpo,
tus manos, tus ojos,
tus piernas, tus labios,
todo aquello que quisiera tener, alguna vez.
Pensar inútilmente,
como siempre se suele hacer,
que con esta parte de mí
que te estoy mostrando,
como el más hermoso de los regalos,
ya no existe el arrepentimiento,
el miedo,
el dolor,
la ausencia.
Pensar que este poema
es puro presente,
que no hay pasado que lo afecte,
no hay errores que lamente,
ni lo hagan caer en cuenta,
vanamente,
que este poema
no sos vos.
Pensar, imaginar,
desear que en algún lado,
en algún momento,
vos también intentes
materializarme,
aunque sea
con un breve pero sincero
suspiro estéril.
Y entonces los dos
sabremos por fin,
tarde como siempre,
que es muy corta la vida
para creer
que se puede olvidar
lo que realmente se amó.