Silencio

"Cuando tan torpe la razón se halla, mejor habla, señor, quien mejor calla."

Pedro Calderón de la Barca

No hay mejor espejo que el silencio, ese que te obliga a verte, a pensarte, a replantearte los hechos. El silencio es el primer camino al diálogo interno, quizás uno de los más ricos diálogos que exista. En el silencio hay paz, hay entendimiento. Ofuscados quedan los ruidos que inútilmente tratan de llenar lugares que no les corresponden; intentan maquillar un desconformismo, una tristeza, la firme convicción de no estar contento con uno mismo. El ruido aparece voraz para intentar calmar al desdichado y consolarlo. Los gritos - ya sean con la voz o con los dedos- nunca podrán llenar el vacío existencial.
El silencio es compañero, es ese amigo invisible e indispensable. Nada seríamos sin los silencios. Siempre será más honroso mantenerse callado y escuchar de lo que uno no sabe, a repetir lo que uno no comprende.

Esto lejos de ser una "Oda a la Censura", es, simplemente eso, una valorización al silencio, que tan olvidado se lo tiene últimamente.

Tantos tantos

Sé que algún día voy a dejar de escribir. Me voy a rendir, a tirar la toalla. Voy a estar tan harto de que te interpongas en el medio de cada poema, de cada verso. Que seas la protagonista de cuentos, novelas y hasta de cosas que nunca voy a escribir. En toda palabra está tu nombre, sólo que no lo ves.
Y será tu terquedad lo que no te deja verte en mis palabras, como no pudiste verte en mis ojos o en aquella esquina. Compartimos tantos cafés, tantas lunas, tantos tantos, que la vida no supo achicarse para uno solo y se desprendió de nosotros, dejándonos a nuestra suerte.
Y así lo ves, este texto y este escritor que ya se cansaron de vos no pueden con su genio, y le terminan regalando a esa mirada que no te reconoce, este híbrido inútil; y que te extraña tanto.

Instrucciones para fracasar.

Fracasar no es tan fácil como parece. Tampoco tan difícil. Es ese punto intermedio lo que resulta complejo de alcanzar. Pero no desespere, memorizando estos humildes pasos podrá alcanzar el fiasco que usted tanto desea. Consejo de narrador (y amigo, si quiere): no revele ni divulgue este instructivo a todo el mundo, no sea cosa de avivar giles y le roben su fracaso.

Para comenzar es importante mentalizarse para el éxito, dejar atrás cualquier remota oportunidad de que se pueda fracasar (aunque suene contradictorio). Una vez preparado empiece a proyectarse qué hacer con esa conquista; imagínese dichoso de la victoria, despreocupado, suelto. Haga planes a futuro, telefonee amigos, familiares, a quién quiera y cuéntele qué tan bien le va a ir en la vida. Después comience algún borrador del plan para conseguir eso a lo que usted ya sabe conseguido, con tranquilidad, distensión, no sea cosa de arruinar todo por ansioso si usted ya sabe que el éxito va a venir hacia usted. Más cerca de la fecha confíe en su suerte. Si no la tiene, invéntese una.

Ahora llega el paso más difícil: el día antes del objetivo (ya sea amoroso, económico, ocioso, etc.) complete el plan, la estrategia. La adrenalina siempre ayuda a hacer bien el trabajo. En momentos de duda o desesperación no olvide a su suerte y, además, usted ya sabe que es el éxito el que no puede vivir sin usted y no al revés. Duérmase temprano y hasta si quiere deje cabos sueltos, nada viene mejor que estar descansado e improvisar. El día “d” verá los resultados, no solo logrará el fracaso en su objetivo sino también en la reputación que sus allegados tengan de usted. Una vez finalizado deje reposar la desilusión conseguida dos días aproximadamente, sino luego será difícil de remover del recipiente.

Así que recuerde, siempre que quiera fracasar confíe en su carencia de errores, en su cuasi divinidad, total siempre hay quienes juegan sucio y trabajan laboriosamente para conseguir algo. Pobres, ellos se lo pierden.