Zapatillas de lona (y corazones nuevos)

Una vez oí a un joven decir por los aires de alguna plaza porteña:

"Hermosa, divina, perfecta. Como te amo, sos mi todo, sos todo lo que quiero y para lo que vivo. No me imagino un mundo sin vos, no me imagino mi existencia sin vos; vivo para vos y nací para amarte, para cuidarte. No me importa nada, vos sos todo.
Sos mi único amor, voy a vivir a tu lado siempre, no me importan los problemas de la vida, no me importa nada. Se que llegaremos muy lejos, más allá de los limites de la palabra 'amar', llegaremos tan lejos que nos re descubriremos y amaremos a cada instante, por siempre.
No me importa mi edad, no me importa mi familia, sos vos y nada más. Te amo con todo mi corazón, sos lo mejor que me pasó en la vida..."

Años más tarde vemos al mismo joven, desmejorado en hombre, vendiendo vicios en un "localsucho" del centro, entregando un suspiro desalentador en cada producto, pensando en su calva cabeza como fue que la vida le quito a su todo, como fue que su corazón nuevo se convirtió en nada; como su todo se convirtió en nada. Un prólogo mentiroso, un final inesperado.
La ciudad le dibuja el ánimo, el cielo la sonrisa. El recuerdo de aquella luz joven todavía le nubla la vista, y ese chaleco tan incómodo tapa su mutilado pecho.

Ahora con zapatos de cuero, incómodos de compromiso, se da cuenta que existe una vida sin ella; capaz la única que existe en realidad.

Encontrado en un cajón virtual.

A veces me da por reime y otras por llorar, cuando buscas la etiqueta que convine con tus ideas. Cuando crees que todo puede resumirse en algo y hasta sonreís cuando pensas que la felicidad esta en un solo lado. Algunas veces te miro desde abajo, otras desde arriba, y a veces a la misma altura y de forma horizontal. Otras veces me da por salir corriendo.

Ambos sabemos que tendríamos que hablar pero los dos sentimos, en silencio, que no hay nada que decir. Nada que hiera al otro y que sea fértil. Yo no soy bueno con las letras ni vos con los modos, pero algo flota y se escabulle entre nosotros y nos irrita y nos hace amarnos y mentirnos; besarnos y golpearnos.

Suena raro decir que no estamos en ningún lugar, más que donde nuestros pies indican. Los sentimientos de pertenencia nos van abandonando y quedamos en una anarquía de indicaciones e ídolos. Y así nos desunimos, para extirpar con metros lo que no podemos con símbolos. Equidistantes y al acecho de una muestra de amor bruto.

Nada nos hace volver pero -a veces- lo hacemos, y nos amamos por un rato para luego partir y decir que, de vez en cuando, elegimos ser felices.