Mademoiselle

Será tiempo que no nos vendamos como un producto, sino como una llave. Una llave para escapar de algo que no sabemos pero que sufrimos todos. Algo que todos escupimos por los ojos en medio de la calle y hace resbalar a otra persona. Será tiempo que no nos vendamos ni siquiera, que nos regalemos. Que nos regalemos no por caridad, ni por solidaridad. Por felicidad. Por el más simple y puro deseo de entregarse a una persona, al menos por un rato. Compartir esta vida al menos por un intervalo de minutos, días, horas, o que-sé-yo, inquietos. Ponerle gusto a las cosas y colores a la estupidez. Será tiempo de callarse la boca y mirar más. Callarse la boca y escuchar el silencio, que tiene mucho para decir. Mirar y crear, para luego re-crear en, ahora sí, palabras que construyan sonrisas, abrazos, besos, sexo. Palabras que todos queremos oír pero no nos animamos a decir. Querer porque así lo sentimos, no por pura insuficiencia, por una soledad incómoda, por un yo interno que nos quiere matar. Querer porque queremos, y dejar los deberes a los tarados. Guardar las leyes detrás de un vidrio y sólo usarlas en caso de emergencia. Empezar una dictadura de buenas intenciones. Des-etiquetar el Mundo. No querer ser como dios, porque dios no existe. Dejarle el estrellato a las estrellas, apagar las luces y dejar el circo a un lado. Caminar más, de la mano, de la cintura, del recuerdo, de la sonrisa de alguien.

Lástima que nadie tiene tiempo. Lástima que tengo bolsillos flacos, un corazón con la bragueta abierta y una humildad extrovertida. Suerte que te tengo, no siempre, no atada, no encadenada, solo sé que te tengo. Y nos comemos con la vista, nos saboreamos con la boca y nos tragamos con las manos, en cada caricia, en cada roce, el Mundo no duele. Y te espero acá, en esta danza de cucharas y humo. En esta taza, este bar, que se ilumina al verte cruzar la puerta. Porque no somos más que estas manos que juguetean sobre la mesa, que estas miradas que ya se están besando.

Y...

Y ya no importa nada. Nadie va a tocar el timbre, porque lo sé. Y lo quiero así, tal vez.

Ya tiré todas las flores de mi balcón, apagué las luces y desconecté el Mundo. Son los minutos de vigilia antes del llanto. Cosa hermosa. Cosa triste.
Porque vos me viste y no sentiste lo que yo quería. Porque tu Dios te dejó andar armoniosa y divina entre las mierdas como yo. Porque sos tan efímera y profunda como un beso, una mirada, un cigarrillo o un “te quiero”. Lo peor es que sabés donde perderme pero no donde encontrarme.

Ya no importa, el llanto removerá todo, hasta que se acumule devuelta la humedad suficiente en los recuerdos para volver aquí, con un cuadro viejo, una oscuridad abrasadora, un pañuelo usado, un reloj roto en el piso y otro pañuelo usado, que escribe estas palabras como un idiota.

Aunque a nadie ya le importe





Primer posteo en el blog, dejemos que el les explique parte de mis sentimientos con esta gran canción...