Y...

Y ya no importa nada. Nadie va a tocar el timbre, porque lo sé. Y lo quiero así, tal vez.

Ya tiré todas las flores de mi balcón, apagué las luces y desconecté el Mundo. Son los minutos de vigilia antes del llanto. Cosa hermosa. Cosa triste.
Porque vos me viste y no sentiste lo que yo quería. Porque tu Dios te dejó andar armoniosa y divina entre las mierdas como yo. Porque sos tan efímera y profunda como un beso, una mirada, un cigarrillo o un “te quiero”. Lo peor es que sabés donde perderme pero no donde encontrarme.

Ya no importa, el llanto removerá todo, hasta que se acumule devuelta la humedad suficiente en los recuerdos para volver aquí, con un cuadro viejo, una oscuridad abrasadora, un pañuelo usado, un reloj roto en el piso y otro pañuelo usado, que escribe estas palabras como un idiota.