Camino

El frío le dibujaba una sonrisa de humo en la cara, las manos iban y volvían de los calientes bolsillos, cada paso tenía que ser "conciente y seguro" para que no se caiga su alma por ahí. Podía decir que sí, hoy sí es domingo.
Las nubes pasaban veloces por su cabeza, no tanto como las ideas, su mente estaba en blanco, un blanco gastado y aburrido, en una tontera caprichosa, ¿en qué mas podía pensar?

La onda verde de los semáforos lo invitaba a frenar, el aire le aconsejaba en qué dudar, y unos problemas más para completar la ecuación, capaz al final de todo…ella tenía razón.

Su caminata seguía sin rumbo ni beneficio, seguía más lejos de lo que su amor había llegado, alguna mirada compasiva y cariñosa le hacía volver a latir su tembloroso impulso. Los cigarrillos se gastaban como las suelas de sus zapatos (o más rápido), como se gastó aquella vez la ilusión de abrazarla en serio.

Pero, ¿porqué decirle que pare de caminar?, es lo único que sabe hacer. Nadie lo frena, nadie lo invita a su casa a dormir o comer, “es mejor que siga caminando hasta el próximo barrio, mirá si es uno de esos locos” decían en el pueblo que lo recibía, y él cegado como un caballo, o como un enamorado, siguió con Luna y Sol, sin nadie alrededor.

Y así siguió, sin contentar a nadie más, y ninguno lo miró, se fue la atención de él, y siguió. -¿Para qué parar?
Aún recordaba cuando en sus oídos se inmortalizaron sus dulces palabras en un
“nunca te voy a dejar”, ese momento en el que abrió las puertas para que entre, bajo la condición de que nunca – bajo ningún aspecto - ingrese en su alma, promesa, como tantas otras, que ella no cumplió. Y es demasiado decir que sin ella no sabe vivir, es poco decir que su vida es y será lo que no fué.

Mientras una lágrima refrescaba su rostro el siguió, hasta que el Mundo lo paró, y el tiempo sin dar explicación de nuestra mente lo borró, aunque en esas manos gastadas mi pasado se forjó.

Delirio de angustia existencial

Ya todo es inútil por lo visto.


No me voy a gastar más en vos, me estás consumiendo día a día.
Cómo negar que te amé (aunque suene tan cliché), ya no sé que mas hacer...

Las cornisas me guiñan amigablemente, el cielo se ennegrece con tu mirar. No te gastaste en preguntarme como estaba, si algo me pasaba. Ahora es fácil llorar con un ser menos, ya me podes echar la culpa libremente (aunque ya me echaste esa culpa), y sin culpa alguna.

Solo te robaré un poco más de tiempo con ese papelerío de defunción, algún que otro peso para el resto, y así por fin te habrás quitado este peso de encima. ¿O tampoco lo harías por mí?

Un último trago aco
mpaña tu recuerdo en mi mente. Y así como se acabó el alcohol de este vaso, se acabó mi amor por vos.

Solo tienes que cerrar la caja y quemar los recuerdos de eso que nunca llego a ser... ¿O tampoco lo harías por mí?





(Solo, con amigos...asi estoy mejor).

No, no es

Por favor entende, esto no es un adiós, es un no puedo estar contigo. Es cuando la ruta choca contra el océano, levantándose todo a mi alrededor y, ahora, estoy apenas respirando; tus mil caras eleligieron ignorarme.

Maldeciré a mis enemigos por siempre, cortemos nuestras muñecas e incendiemos algo hermoso; esta desesperación me deja lleno de alegría, con luces desvanecedoras que nos conducen más allá de las mentiras que destruimos.

Te escuche llorar, yo, por lo menos, lloro con una intención; pero mis manos están atadas y me empujan al profundo final. Te escuche hablar pero hablar es malo, y mi boca esta llena de sangre por tratar de no hablar.

Solo busca una excusa y alguien para que te crea; y por confiar en vos, la mayoría de las veces, quede vacío con la necesidad.

Me voy pudriendo donde caigo, estoy muerto por malas intenciones, sofocado y embalsamado. Todos nuestros sueños no fueron hechos efectivos. Juraste que no me perderías, luego perdiste tu cerebro, haces sonidos que se sienten como el dolor.

Por favor entende, esto no es un adiós, es un no puedo estar contigo...