no tener a quien extrañar
ni escribir su nombre con la mano.
La ciudad parece menos sincera
cuando nadie te susurra al oído
y es tan grande cuando nadie
te rodea con los brazos.
Encima acá te encontrás,
terminando un poema meses después,
terminando un poema meses después,
en un mismo lugar
sin susurros ni brazos,
sin susurros ni brazos,
rememorando sin hacer memoria,
añorando sin abrir el corazón,
llorando sin saber por qué.
añorando sin abrir el corazón,
llorando sin saber por qué.