Alas de fuego

Surcando los cielos huyó del edén, batiendo sus alas de fuego burló los caminos de la tentación y, ahora, su fuego es eterno; la magia marcó su destino al volar y resurgió de sus cenizas. Poeta del aire con alma inmortal que nunca debió despegar, aunque la noche lo pueda atrapar y reine la oscuridad, un nuevo día su vuelo traerá; y el fuego de nuevo arderá.
Subiendo a lo alto su llama encendió, robando la furia del viento buscó la semilla de la tempestad, y de su fuerza él fue dueño. Su llama brilló más allá de la Tierra y el cielo se unió con su fuego, la magia burló su anhelada virtud que nunca se pudo alcanzar, aunque la noche lo pueda atrapar y reine la oscuridad, un nuevo día su vuelo traerá; y el fuego de nuevo arderá.
Alas de fuego, de tus cenizas resurgirás, arriba, en el cielo. Vuela tu llama inmortal. Alas de fuego, dueño del viento y la tempestad, aunque la noche te atrape, tu fuego siempre arderá...

Souvenir

Esta tristeza,
tan mía,
pero tan tuya
que estoy ofreciendo.
Esta paloma herida
que ninguno quiere sostener,
que nadie quiere alimentar,
y que cada vez
se acostumbra más
a la palma de mi mano.
Qué hacer con esta tristeza
que me regalaste entre noches
sin amaneceres
y borracheras sin alcohol.

Entonces amor,
desde tu ausencia sin exilios
y tus discursos sin memoria
no me ayudarás a saber
qué me queda puro,
qué hay dentro de mí
que no te nombre,
si hasta esta tristeza
que es tan mía,
es tuya.

Freno de mano

En estos días en lo que todo se presenta lento y el tiempo parece dado por cuenta gotas, donde el sol no baja nunca y el minutero necesita aceite. En estos días donde todo parece accesorio e inútil, donde parece que todo pasa sin ningún filtro desde los sentidos al tacho de la basura de lo no reciclable. Pero no es así.
Capaz en estos momentos uno se da cuenta como son las cosas, como con los sentidos alertas uno absorbe y entiende todo sin intermediarios. Sin carteles, flechas o subrayados. Uno entiende y saca al humano que tenia guardado y no tiene miedo de humedecer los ojos ni de abrazarse. Uno piensa por si solo. La realidad se muestra joven y fresca pero es la de siempre, las estrategias se ven, los protocolos con cada vez menos aceptación quedan ridiculizados y hasta las costumbres tan absorbidas se ponen en tela de juicio.

Nos hacemos tan humanos que no nos reconocemos. Pero nos queremos tanto.