Surcando los cielos huyó del edén, batiendo sus alas de fuego burló los caminos de la tentación y, ahora, su fuego es eterno; la magia marcó su destino al volar y resurgió de sus cenizas. Poeta del aire con alma inmortal que nunca debió despegar, aunque la noche lo pueda atrapar y reine la oscuridad, un nuevo día su vuelo traerá; y el fuego de nuevo arderá.
Subiendo a lo alto su llama encendió, robando la furia del viento buscó la semilla de la tempestad, y de su fuerza él fue dueño. Su llama brilló más allá de la Tierra y el cielo se unió con su fuego, la magia burló su anhelada virtud que nunca se pudo alcanzar, aunque la noche lo pueda atrapar y reine la oscuridad, un nuevo día su vuelo traerá; y el fuego de nuevo arderá.
Alas de fuego, de tus cenizas resurgirás, arriba, en el cielo. Vuela tu llama inmortal. Alas de fuego, dueño del viento y la tempestad, aunque la noche te atrape, tu fuego siempre arderá...