Y para colmo, vos y yo

Adelantándome al futuro me encierro en tu magia, casi por desgracia. No es lo que buscamos, sino lo que tenemos, reír por no llorar, ser feliz por ser feliz.
Sabemos que algo se esconde detrás de esa mariposa y ese jardín. Puedo vivir en tu pelo, llorar en tus ojos y dormir en tu espalda, a veces reíremos con tu locura contagiosa.
Sos esos signos de preguntas que necesitamos. Sos un final abierto, lo que me contestaré en un futuro, mientras tanto sigo pensando en vos hasta rozando el piso.
Lo que es o será, una posible variedad de sentimientos se nos escapan cada ves que nos vemos, yo siento una inútil distancia, vos sentís tu hermosa arrogancia. El ego de tu belleza no deja a nadie vivo, y nos hace vivir.
Como el viento prometiendo una ilusión cada vez que suspiras, como yo queriendo ser dueño de esos suspiros, él que te haga reír, feliz, llorar y respirar. Para que vivas muriendo por mí, para vivir muriendo por vos.
Entre tantas líneas se suelen escapar verdades y sentimientos, como los tuyos en las líneas de tu mano, un amor como receta para soñar un poco mejor.
Sos como esas melodías que uno nunca quiere que se terminen, un eterno flotar de armonías. El lugar preferido de mis ojos, tal vez el único. Sos lo más irracional que puedo llegar a amar.
La patética esperanza de inclinar la balanza. Soñar que en algún error del tiempo vas a ser mía.

Y hoy solo te vuelvo a ver.

Un llamado (¿recuerdas el piso frío?)

Las palabras son solo palabras, no son mas que tus frias lagrimas, no son mas que mis frases de amor, no son nada comparado a tus ojos, son solo palabras. Palabras que hablan y no escuchan lo que dicen, solo pensar en las palabras, tus labios se mueven y pronuncian mi nombre.
Es el frio del invierno, la tristeza de estos años vacíos, lagrimas que caen al infierno y van apagando lentamente el fuego que quema mi vida. Mi alma necesita la tuya, mi cielo necesita tu sonrisa y mi boca necesita tus besos.
Escribo esto como un llamado silencioso para que vuelvas a sentarte al lado mio, si es que recuerdas el piso frío y el calor de tus labios sobre los míos.

Sol-o

Brazos caídos, rostro deprimente, quería volver a su casa inmediatamente, solo como de costumbre. Él quería ver el Sol entrar por su ventana, y pensar en ella, otra vez. Una eternidad tardó en encontrar en su pequeño bolsillo las llaves.
Al fin en su refugio, se sentía liviano con el peso de ella en su memoria, se sentía Dios con el Sol en el rostro. Preparó el café, lo revolvió, revolvió sus sentimientos, se sentó en su sillón favorito, su único sillón.
Con todas las intenciones de dejar al Sol entrar a su casa, para que dibuje sombras, a lo mejor alguna tenía la forma de ella, a lo peor alguna tenía forma de ella. El café se enfrió con su corazón, al ver esa nube, esa bendita nube tapando el Sol.

El Sol ya no estaba, pero algo raro había, la sombra de ella seguía estando, repetida a lo largo de su casa, de la ciudad, a lo largo del cielo. La taza del helado café voló a lo largo del sillón, las lágrimas rodaron a lo largo de su cara, el miedo era compañía suficiente para no sentirse solo sin el Sol.
Corría, escapaba de algo que no existía, imaginaba soluciones imposibles, tropezaba y empezaba de nuevo, pero su sombra estaba donde él estaba. Hasta su propia sombra tenia la forma de ella. Ella se convirtió en su Mundo.

Sin fuerzas para pelear, sin valentía para amar, tendrá que aprender a vivir con el miedo y esa sombra, esa radiante sombra que le hacía latir el corazón. La tristeza apareció en función, y se adueñó de su show. La amaba tanto como para echarla al olvido...

"La costumbre de no contentarse con los restos..."