Zapatillas de lona (y corazones nuevos)

Una vez oí a un joven decir por los aires de alguna plaza porteña:

"Hermosa, divina, perfecta. Como te amo, sos mi todo, sos todo lo que quiero y para lo que vivo. No me imagino un mundo sin vos, no me imagino mi existencia sin vos; vivo para vos y nací para amarte, para cuidarte. No me importa nada, vos sos todo.
Sos mi único amor, voy a vivir a tu lado siempre, no me importan los problemas de la vida, no me importa nada. Se que llegaremos muy lejos, más allá de los limites de la palabra 'amar', llegaremos tan lejos que nos re descubriremos y amaremos a cada instante, por siempre.
No me importa mi edad, no me importa mi familia, sos vos y nada más. Te amo con todo mi corazón, sos lo mejor que me pasó en la vida..."

Años más tarde vemos al mismo joven, desmejorado en hombre, vendiendo vicios en un "localsucho" del centro, entregando un suspiro desalentador en cada producto, pensando en su calva cabeza como fue que la vida le quito a su todo, como fue que su corazón nuevo se convirtió en nada; como su todo se convirtió en nada. Un prólogo mentiroso, un final inesperado.
La ciudad le dibuja el ánimo, el cielo la sonrisa. El recuerdo de aquella luz joven todavía le nubla la vista, y ese chaleco tan incómodo tapa su mutilado pecho.

Ahora con zapatos de cuero, incómodos de compromiso, se da cuenta que existe una vida sin ella; capaz la única que existe en realidad.