Encontrado en un cajón virtual.

A veces me da por reime y otras por llorar, cuando buscas la etiqueta que convine con tus ideas. Cuando crees que todo puede resumirse en algo y hasta sonreís cuando pensas que la felicidad esta en un solo lado. Algunas veces te miro desde abajo, otras desde arriba, y a veces a la misma altura y de forma horizontal. Otras veces me da por salir corriendo.

Ambos sabemos que tendríamos que hablar pero los dos sentimos, en silencio, que no hay nada que decir. Nada que hiera al otro y que sea fértil. Yo no soy bueno con las letras ni vos con los modos, pero algo flota y se escabulle entre nosotros y nos irrita y nos hace amarnos y mentirnos; besarnos y golpearnos.

Suena raro decir que no estamos en ningún lugar, más que donde nuestros pies indican. Los sentimientos de pertenencia nos van abandonando y quedamos en una anarquía de indicaciones e ídolos. Y así nos desunimos, para extirpar con metros lo que no podemos con símbolos. Equidistantes y al acecho de una muestra de amor bruto.

Nada nos hace volver pero -a veces- lo hacemos, y nos amamos por un rato para luego partir y decir que, de vez en cuando, elegimos ser felices.