
Yo era un tipo callado, que pretendía tomar de este mundo muchos sueños prestados y, me envuelvo en las cosas que hicimos en tiempos pasados de unos cantos extraños, como escritos robados. Artesano olvidado que, ahora, forja esperanzas y parece ser este su último paso. Y una voz que resuena en su mente se pasea por en medio del lago, ya está algo cansado.
Me sacudo del miedo y canto alegremente, y me acerco a las manos de unas sonrisas que quieren bailar, me balancea el viento muy dulcemente y me invita en sus brazos danzar. Quisiera ser ese artesano y reír, ser narrador con alma de héroe. Quisiera ser un mago y seguir forjando un cuento que muere en tu fantasía, en este cuento solo existe alegría.
Camino a paso de barro, entre los cantos que cuentan los ruegos del último santo, en los inicios de gestos infantes anteriores al llanto, que abrazaban tu risa y un rubor en la brisa. Ya que volábamos juntos, como cometas que surcan el cielo acariciando su encanto, ahora escribo (misteriosamente, muy hábilmente) a fuerza de copias como un roba cantos.
Escudriño el destino, que estanca la vida en su propia mente; entono el último canto, que habla de sueños que nadan ausentes. Quiero ser ese azul caballero, un príncipe con corazón de gigante, quiero ser artesano y seguir creando una esperanza llameante y una copla en contra de tanto llanto sedante...
Yo era un joven calmado que esperaba escribirte, desde esta tierra, un poema encantado, internándome hasta en tu orilla, en la que extrañamente hoy, quieres estar sola y estar muy silenciosa. Y hasta pareces dormida, en recuerdos que guardan los sueños desde la orilla, y temo que ya no despiertes y te envuelvas eterna en ausencia, en la crudeza de la demencia.
Nunca más se quebró la esperanza, la alegría hoy colma mis versos, ya no me preocupa hallarme en busca de los más tiernos besos. Hoy reafirmo mis rimas pasadas que narran la historia de tu fuerza en las flamas, quiero ser el poema que aún se acurruca en tu calma.
Ahora se hallan nuestras vistas, para cazar esperanzas en melodías de tardes inciertas y que la ternura se asome hasta tu puerta. Renuncia de una vez a esa ausencia, la dulzura se cuela por esa rendija entreabierta y te invita a soñar.
Estando cerca de tu casa, yo quiero estar a tu lado en estas horas tan bellas, y al fin entrar y cenar contigo a la luz de las velas, dejando este mundo y acariciando el nuevo mundo.