Ella: hermosa, inconstante, indecisa, ciclotímica, princesa. Demasiado para este mundo, demasiada belleza para ese cuerpo, o para ese cerebro. Era común confundirla con el Sol, y ahí todos decían: “el Sol es el Sol, pero ella es más hermosa”. Capaz exagerado, o no, para mi gusto.
Ella así de linda, podía destruirte y destruir todo a su paso y a tu alrededor, pero que te importaba, si ella era más linda que el Sol. Eso sí, también quema más rápido.
Era una leyenda viviente, todos las que la conocían no podían evitar hablar de ella, recordarla, y si eran muy desdichados, enamorarse. Famosa por historias absurdas, crueles, pero como ya se ha dicho, era más hermosa que el Sol, y se le perdonaba todo.
Algunos ya totalmente desquiciados por el aura de esta mujer, decidían dejar al lado todo su orgullo, moral y principios, convirtiéndose en las mierdas más mierdas de la sociedad, algunos se daban cuenta a tiempo, pero ya era tarde, solo recibían la espalda de los demás.
Tanto era el resplandor que te hacía olvidar de tus seres queridos, los que, al contrario que ella, estaban siempre a tu lado, pero uno muy iluso siempre quería ir más allá, sin darse cuenta que años después se lamentarían enormemente de eso.
Siempre que alguien miraba al cielo se acordaba de ella, y volvían a tenerla presente en charlas y algunos más discretos en sus pensamientos.
Esa princesa humilde y a la vez déspota nunca midió el peso de sus decisiones, nunca pensó las consecuencias (como se mencionó antes…demasiada belleza para ese cerebro), y eso fue, quizás lo que la llevó al derrumbe, a la mediocridad, a su eclipse. Pocos ya cansados por repetición dejaron de adorarla, y esos pocos fueron contagiando a más, hasta que quedaron algunos nomás bajo sus encantos. Ella indignada decidió alejarse tras las nubes de la ciudad.
Un día confuso de repente vino a mi memoria, y lo único que pude decir fue…
“El Sol es el Sol, pero ella es y seguirá siendo por siempre más hermosa”
Algunos dicen que la han vuelto a ver, más brillante que nunca y totalmente cambiada. Yo solo cruzo los dedos para que no se cruce en mi camino.
Él: indeciso, miedoso, algo tímido, triste. Vivía camuflado entre todos y pocos notaban su existencia y muy pocos le daban real importancia a la misma. Solía ser útil en ciertos casos, cuando la gente tenia problemas era muy común que los recarguen sobre él… “qué le hace una mancha más al tigre”. Escasas veces servía para algo más.
Abatido por la vida él había olvidado de sonreír y ser feliz, ya eran muchas cosas las que le pasaron y alguien tan frágil no podía para tanto. Era muy triste ver cuando nadie lo escuchaba, incluso los mismos que siempre recaían en él.
Él, a pesar de todo y toda su fragilidad, siguió para adelante como uno más, totalmente carente de ego o narcisismo, dejando atrás problemas causados por la sociedad hermosa de este mundo precioso. Parecía tenerlo todo en un cierto control, soportaba todo y nunca se le vio caer una lágrima de los ojos, nunca pedía ayuda innecesaria ni cargaba con sus problemas a otras personas, seguía manteniendo sus principios a pesar de todo, para resumir.
Hasta que un día el bendito amor se cruzó en su camino, totalmente cegado por ella empezó a ver la vida con otros colores, otros gustos, a sentirse con un poco más de suerte, a ser feliz. Pero le duró poco tanto festín, poco a poco se dio cuenta que no era para él, sino para varios, contuvo el aliento y trató de disimular su corazón roto, mantuvo la entereza física por lo menos, esas “mariposas” que sentía se transformaron en malestares intensos y muy molestos, las lágrimas que nunca se le caían empezaban a fugarse una por una muy esporádicamente, sin duda había sufrido un cambio, pero no mejor ni nada parecido.
Cuándo por fin estaba saliendo de ese pozo emocional, sufrió el golpe más cruel que le pudiera preparar el destino, provocando que su alma hiciera juego con su corazón…ambos rotos. Este golpe mucho más importante que los demás aumentó su vacío interno.
Para su desdicha ese golpe lo hizo recurrir al pozo emocional anterior, que por muy iluso le provocó las mismas heridas que antes y mucho más. Apenas podía sostenerse en pié, le costaba no acordarse de lo malo, le dolía tan escasas manos ofreciéndole ayuda. Le dolía vivir.
Tras varias depresiones y altibajos, una noche extraña (que debía ser festiva) lo encontró con la idea del final anticipado y auto-producido, lo meditó varias veces y algo en él se negaba a hacerlo, y así fue, no lo hizo, seguía teniendo principios a pesar de todo y nunca fue tan cobarde para un final así…
Siguió estando donde estaba, tragándose sus broncas, sus tristezas, en busca del bien ajeno, si lo consiguió o no, no lo sé, pero hizo todo lo que estaba a su alcance para hacer feliz a muchos y hacerse por lo menos un poquito alegre a él también.
Algunos dicen que ella se cruzó en su camino.