Moralina (1)

Y me aferro a lo que tengo, como si realmente fuera mío. Le clavo mis uñas, mis deseos, mis desesperaciones, mi miedos, mis angustias. No lo dejo escapar, lo vigilo constantemente, cualquier atisbo de libertad es el más grosero pecado. No le quito un ojo de encima, lo prefiero quieto, casi estancado, así para siempre, sin hablar, sin pensar; que sólo absorba lo mío y me necesite y me ame. Que sea una esponja, un trapo de piso, un colchón mojado. Así para siempre o hasta que aparezca algo mejor.